Elevando el listón de los eventos comunitarios

A lo largo de los años, la FIFA ha aumentado constantemente sus expectativas de sostenibilidad, aprendiendo de cada Copa Mundial y aplicándolas a la siguiente. Lo que alguna vez fue un enfoque en la construcción de estadios ahora se ha convertido en un marco integral de sostenibilidad que incluye operaciones, movilidad, energía, agua, residuos y cadenas de suministro. La Copa Mundial de la FIFA 2026 es el esfuerzo de sostenibilidad más ambicioso hasta la fecha y un momento decisivo en la forma en que se organizan los eventos deportivos globales.

Una de las decisiones más destacadas de cara al Mundial de 2026 es la de no construir un nuevo estadio. La competición dependerá enteramente de las sedes existentes que hayan sido actualizadas y optimizadas. Este enfoque reduce significativamente la huella física de carbono y evita el riesgo de crear infraestructura con un uso limitado a largo plazo. Sin embargo, esto traslada el desafío de la sostenibilidad a otra parte. Al tiempo que minimiza los impactos de la construcción, el anfitrión de los tres países hará de la movilidad uno de los desafíos más difíciles de abordar, ya que la huella ambiental de los viajes entre ciudades será significativa.

Dentro de las operaciones de los estadios, la sostenibilidad se ha basado cada vez más en el rendimiento. La gestión de residuos, la eficiencia energética y la conservación del agua han sido los pilares de los requisitos actualizados de la FIFA. A lo largo de muchos torneos, estos elementos han pasado de una iniciativa voluntaria a un sistema estructurado con métricas y responsabilidad claras. Hoy en día, la eficiencia ya no es una opción, es una necesidad a la hora de organizar un evento de esta magnitud.

Al mismo tiempo, la agenda de sostenibilidad se ha expandido a un área aún más compleja: la cadena de suministro. Las concesiones de alimentos y bebidas, la infraestructura temporal y el comercio, especialmente los plásticos de un solo uso, son algunos de los mayores desafíos pendientes. Abordar estos impactos requiere alinear a proveedores, patrocinadores y operadores de eventos en torno a objetivos comunes de regulación y sostenibilidad más allá del lugar mismo.

En este contexto, México llega en muy buena posición al Mundial 2026. Con tres estadios, el país ha asumido un compromiso claro de garantizar que todas las sedes sean sostenibles y cumplan con los principales estándares internacionales. Los estadios de México ya cuentan con la certificación LEED para operación y mantenimiento, superando los requisitos básicos de la FIFA para alcanzar el nivel de desempeño LEED Plata, y están buscando o han logrado LEED BD+C. Esta decisión refleja un compromiso estratégico con altos estándares ambientales, operativos y de transparencia, no solo con el cumplimiento.

Entre estas sedes destaca el Estadio Banorte (antes Estadio Azteca) como un poderoso símbolo de continuidad y progreso. Habiendo albergado tres Copas Mundiales, el estadio tiene un profundo legado histórico. Su innovación actual muestra cómo se puede transformar una infraestructura extraordinaria para cumplir con los estándares de sostenibilidad más exigentes. El Estadio Banorte tendrá la certificación LEED más alta de cualquier estadio en México, lo que demuestra una vez más que las sedes antiguas pueden liderar los esfuerzos globales de sustentabilidad.

El enfoque de México resalta diferencias más amplias dentro de la competencia. No todos los estadios estadounidenses cuentan con la certificación LEED, lo que le da a México un liderazgo constante entre los países anfitriones de la Copa Mundial. Considera que las sedes de México no sólo cumplen con las expectativas de la FIFA, sino también como puntos de referencia de calidad operativa, eficiencia y valor a largo plazo en infraestructura deportiva.

Sin embargo, la experiencia de trabajar con estos requisitos demuestra que la infraestructura por sí sola no es suficiente. Uno de los desafíos más importantes que tenemos por delante es la participación de los fans. Los sistemas de separación de residuos, los dispositivos de ahorro de agua y las operaciones energéticamente eficientes sólo son plenamente eficaces cuando los usuarios interactúan activamente con ellos. Sin esta participación, incluso la infraestructura más avanzada no alcanza su potencial.

Esto hace que la comunicación sea un factor crítico de éxito. Los estadios deben explicar claramente qué medidas de sostenibilidad están tomando, por qué son importantes y cómo los aficionados pueden contribuir activamente. La señalización, el personal capacitado, los sistemas receptivos y los mensajes coherentes pueden desempeñar un papel en la transformación de la sostenibilidad de un esfuerzo técnico a una experiencia compartida.

En última instancia, construir sostenibilidad en la vanguardia de la Copa Mundial no es una cuestión de marca, sino de responsabilidad. El fútbol no tiene paralelo en su alcance global e impacto cultural. Esta influencia conlleva la responsabilidad de predicar con el ejemplo. La Copa Mundial 2026 ofrece una plataforma para demostrar lo que puede ser una competencia de clase mundial, junto con la gestión responsable de los recursos, la responsabilidad de la cadena de suministro y la conciencia climática.

Si queremos proteger el juego que amamos, la sostenibilidad debe integrarse en cómo se renuevan los estadios, cómo se organizan los eventos y cómo los experimentan los aficionados. Con estadios de México por encima de los estándares de la FIFA y sedes icónicas como el Estadio Banorte estableciendo nuevos estándares, México está preparado para desempeñar un papel en la Copa Mundial más sostenible del mundo.

Carmela Aranda

Acerca de Carmela Aranda

Carmela Aranda sociedad anónima cerrada es una asociación sin fines de lucro que ayuda y maneja el tema de los libros y cierres de mes que sepan como suplir en las empresas.

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